«Los agricultores deberían pensar qué quieren ser de mayores». Esta reflexión, que dejaba un lector en uno de nuestros artículos, planea en el aire sobre uno de los conceptos normativos que definirán el futuro a medio plazo de nuestro sector: la figura del «agricultor activo».

Sea cual sea el presupuesto final de la Política Agrícola Común (PAC), la cuestión de fondo sobre a quién van dirigidos esos fondos es una pregunta estructural que siempre está sobre la mesa. Para el período 2023-2027, la normativa ha intentado perfilar esta figura, uniendo las directrices generales que marca la Unión Europea con la aplicación práctica que ha diseñado el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) ) en el Plan Estratégico de la PAC (PEPAC) de España.
Lo que marca Bruselas en el actual período PAC
A la hora de redactar el Reglamento (UE) 2021/2115, las autoridades europeas decidieron no imponer una definición estricta y única para toda la Unión. En su lugar, Bruselas estableció un «terreno de juego» y pasó la responsabilidad a cada Estado miembro para que lo definiera en base a elementos objetivos.
La normativa europea marca unos principios claros:
- Actividad real y verificable: Se debe garantizar que las ayudas vayan a quienes desarrollan una actividad agraria mínima. Es importante destacar que este control ya no es solo documental; la UE ha integrado el Sistema de Monitorización de Superficies (SMS) mediante satélites Sentinel, lo que obliga a que la «actividad» sea visible y real sobre el terreno para evitar los «agricultores de sofá».
- La lista negativa: Bruselas permite (como herramienta complementaria) crear una lista de actividades no agrícolas a las que se excluye del cobro de la PAC, dado que su actividad agraria suele ser puramente marginal.
- Excepción para evitar burocracia: Para no asfixiar en papeleo a los pequeños perceptores, la UE permite que un país considere automáticamente como «agricultor activo» a aquellos que reciban importes bajos de ayudas, marcando un límite máximo para esta exención de 5.000 euros anuales.
Lo que marca el MAPA
Con este marco europeo sobre la mesa, el Ministerio de Agricultura tuvo que aterrizar la norma en el Plan Estratégico de la PAC (PEPAC) para España. El resultado es una criba basada en la afiliación laboral, los ingresos y el tamaño de las ayudas.
Para ser considerado «agricultor activo» en España y poder percibir los pagos directos, el Ministerio estableció que el beneficiario debe cumplir una de estas dos condiciones principales: o bien estar afiliado a la Seguridad Social agraria por cuenta propia, o bien demostrar que al menos el 25 % de sus ingresos totales provienen de la actividad agraria.
España no ha prescindido de la ‘lista negativa’. El Ministerio mantiene esa herramienta en la normativa, excluyendo en principio a actividades como aeropuertos, empresas ferroviarias, abastecimientos de agua, servicios inmobiliarios o instalaciones deportivas y recreativas cuando su actividad principal no es agraria.
Sin embargo, el elemento más definitorio del modelo español —y el que más debate estructural genera sobre ese «qué queremos ser de mayores»— es la aplicación de la exención para los pequeños perceptores. El Gobierno decidió acogerse al tope máximo permitido por Europa: cualquier beneficiario que perciba menos de 5.000 euros en ayudas de la PAC queda automáticamente exento de tener que justificar su afiliación a la Seguridad Social agraria o la regla del 25 % de ingresos.
El peso de esta decisión no es menor: en la práctica, esta exención engloba a cerca del 60 % de los perceptores de la PAC en España. Una cifra abrumadora que aviva el debate sobre si la arquitectura normativa actual busca una profesionalización real del sector o si, por el contrario, prioriza mantener el statu quo y la red de seguridad social en el medio rural. Esta es la realidad que finalmente determinará el perfil del perceptor de la PAC durante los próximos años. El debate sobre si este es el equilibrio adecuado o si la balanza debería inclinarse hacia otros modelos, sigue, como apuntaba nuestro lector, en el aire.




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