En el sector ganadero, hablar de cercados virtuales o collares GPS para monitorizar al ganado no es una novedad. Sin embargo, una innovación reciente ha sacudido la industria agrotecnológica mundial, captando inversiones multimillonarias y llevando a la empresa desarrolladora a una valoración que supera los 2.000 millones de dólares. ¿El verdadero motivo de este revuelo? Haber eliminado por completo las polémicas descargas eléctricas de los collares, sustituyéndolas por un sistema basado en la psicología clásica, la inteligencia artificial y el uso de sonido y vibración.

El «Cowgorithm»
El gran avance de esta tecnología, creada por la empresa neozelandesa Halter, es cómo logra mover a los animales de forma autónoma sin lastimarlos. Según explican los propios desarrolladores, el sistema se basa en la teoría del condicionamiento clásico de Pavlov. Al igual que el famoso científico demostró que sus perros aprendían a asociar el sonido de una campana con la comida, esta tecnología aplica el mismo principio al ganado bovino.
El sistema sustituye los estímulos tradicionales (el ladrido de un perro, el grito del ganadero o una cerca visual) por señales de audio y vibraciones direccionales emitidas por un collar alimentado por energía solar. Gestionado por un algoritmo de inteligencia artificial patentado, el animal es entrenado para asociar una vibración o un sonido específico con la instrucción de caminar, girar o detenerse. De este modo, los creadores de la tecnología afirman que las vacas sufren mucho menos estrés al eliminarse los arreos bruscos y las cercas eléctricas.
Ahorro millonario y aumento de la productividad
Los datos productivos explican el gran interés del sector ganadero. A nivel de infraestructura, un reporte de noticias financieras indica que los rancheros en Estados Unidos ya han trazado más de 11.000 millas (unos 17.700 kilómetros) de estas «cercas virtuales», logrando un ahorro estimado de 220 millones de dólares al evitar la costosa construcción y el mantenimiento del alambrado físico tradicional.
En la rutina diaria, un informe sobre productividad empresarial elaborado por la firma tecnológica Spark señala que los ganaderos que utilizan este sistema ahorran un promedio de 27,5 horas a la semana (más de 2,5 horas al día) en tareas de traslado del rebaño a la sala de ordeño. Además, este mismo informe documenta que algunos productores han logrado incrementar la producción de sólidos lácteos y reducir significativamente el uso de nitrógeno en los pastos gracias a una gestión más precisa del pastoreo.
Salud integral y protección medioambiental
Más allá del movimiento del ganado, la inteligencia artificial del collar actúa como un monitor médico constante. Según los creadores del dispositivo, el sistema registra la digestión, los ciclos de fertilidad (celo) y patrones de salud las 24 horas del día, basándose en modelos de aprendizaje automático.
Desde el punto de vista medioambiental, el sistema permite crear barreras virtuales de forma instantánea a través de una aplicación móvil. Según explica la empresa desarrolladora, esto permite mantener a las vacas alejadas de ríos y cauces de forma sencilla, evitando la contaminación del agua con orina y heces. Los audios emitidos por los collares son lo suficientemente bajos para no alterar la paz del entorno natural, pero muy efectivos al emitirse muy cerca de las orejas del animal.






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