El control de malas hierbas en cultivos intensivos tiene un nuevo protagonista: robots equipados con láseres de alta potencia que identifican y eliminan adventicias en milisegundos, guiados por inteligencia artificial. Varios estudios e informes sectoriales analizan ya su rendimiento agronómico y su impacto sobre el suelo y los insectos.

Del escáner al disparo en cinco milisegundos
El sistema, de Carbon Robotics, funciona mediante un ciclo continuo: cámaras de alta resolución escanean el suelo, algoritmos de aprendizaje profundo identifican cada planta y un láser de alta potencia dispara con precisión milimétrica sobre el meristemo, el punto de crecimiento de la mala hierba. La energía térmica evapora el agua de las células y provoca la muerte de la planta, que se reabsorbe en el suelo como materia orgánica. Todo el proceso ocurre en menos de cinco milisegundos.
A diferencia del deshierbe mecánico, el sistema no remueve el suelo, lo que evita sacar a la superficie semillas enterradas y preserva la estructura del terreno y los organismos que lo habitan.
Costes y rendimiento
Un análisis de Western Growers realizado en explotaciones comerciales estima que este tipo de sistemas puede reducir los costes totales de deshierbe entre un 40% y un 80% en cultivos densos como espinacas, con un ahorro que supera los 600 euros por hectárea. El retorno de la inversión se sitúa, según el mismo informe, entre uno y tres años. Los agricultores que ya lo utilizan reportan además incrementos del 15% al 20% en el rendimiento, atribuidos a la ausencia de residuos químicos y a la menor compactación del suelo.
El coste de adquisición de los equipos actualmente disponibles en el mercado ronda el millón de euros, lo que por ahora limita su acceso a grandes explotaciones o a fórmulas de uso compartido.
Impacto en el suelo y los insectos
Un estudio científico de Frontiers analizó los efectos del láser sobre organismos no objetivo y ofrece resultados mixtos. Las lombrices de tierra no resultaron afectadas, incluso a dosis elevadas: la capa superficial del suelo actuó como escudo protector. Sin embargo, los insectos expuestos directamente al rayo sí mostraron daños graves. Los individuos de menor tamaño resultaron más vulnerables que los de mayor tamaño, y especies como mariquitas o escarabajos sufrieron heridas o murieron al recibir dosis equivalentes a las letales para las plantas.
Los autores del estudio apuntan que, en el futuro, la inteligencia artificial podría entrenarse para distinguir insectos beneficiosos de plagas, lo que permitiría actuar también sobre estas últimas sin recurrir a insecticidas. Por ahora, ese desarrollo está todavía en fase teórica.





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