Durante siglos, el olivo ha definido un paisaje: el del Mediterráneo. Pero el clima que lo sostuvo está cambiando, y con él, la geografía del cultivo. Los datos del modelo agroecológico global de la FAO y el IIASA muestran que las zonas con aptitud climática para el olivo ya alcanzan el sur de Francia, los Balcanes y las costas del mar Negro, y los escenarios proyectados hasta 2080 apuntan a que esa expansión hacia el norte continuará mientras el sur acumula déficit hídrico.

Una frontera que el calor redibuja
El modelo GAEZ v4, desarrollado por la FAO y el Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), evalúa la aptitud agroclimática de los cultivos cruzando temperatura, precipitación, suelo y relieve. Para el olivar, los parámetros son precisos: el cultivo requiere periodos libres de heladas suficientemente largos y acumulaciones de calor mínimas. Las zonas frías de alta latitud o altitud quedan descartadas por riesgo de daño térmico; los suelos con encharcamiento, también.
Bajo los escenarios de emisiones más intensos, el calentamiento proyectado desplaza esas condiciones hacia el norte y hacia cotas más elevadas, abriendo áreas que hoy no figuran en el mapa productivo del olivar europeo.
El doble movimiento del calor
La lógica es simétrica y no especialmente favorable para los productores del sur. En Andalucía, el sur de Italia, Grecia o el norte de África, el aumento de temperatura no amplía la aptitud: puede degradarla. El olivar de secano en muchas de esas zonas ya opera cerca de sus límites hídricos, y el déficit de agua durante el ciclo de crecimiento es uno de los factores que el modelo identifica como limitante.
Al norte ocurre lo contrario: regiones hoy demasiado frías para el olivo empiezan a reunir condiciones suficientes. El resultado no es una simple traslación del cultivo, sino una reorganización del mapa productivo europeo con ganadores y perdedores geográficos bien definidos.
Aptitud no es destino
Las zonas identificadas como climáticamente aptas representan potencial, no certeza. Que una región reúna condiciones para el olivo no implica que vaya a plantarse, ni que los productores actuales en zonas de riesgo vayan a abandonar. La adaptación varietal, el riego y el manejo agronómico tienen margen para compensar parte del deterioro. Lo que el modelo no puede ignorar es la dirección del proceso: en todos los escenarios climáticos del IPCC incorporados al GAEZ v4, la frontera apta del olivar se mueve hacia el norte. La velocidad depende de cuánto se emita. El sentido, no.
Los datos proceden del informe Global Agro-Ecological Zones v4, publicado por FAO e IIASA en 2021 (DOI: 10.4060/cb4744en).






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