El debate sobre el próximo marco financiero plurianual de la Unión Europea, que entrará en vigor en 2028, dejó el pasado viernes en Nicosia una fotografía incómoda para el sector agrario: la Comisión Europea quiere mantener la política agrícola común entre las prioridades de gasto, pero los principales contribuyentes netos al presupuesto comunitario no están dispuestos a pagar más, y alguno ya ha señalado abiertamente a la PAC como partida donde recortar.

La cumbre informal celebrada en Chipre reunió a los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete con un orden del día cargado: energía, competitividad y el futuro de las cuentas europeas. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, defendió un presupuesto que combine nuevas prioridades —competitividad, inteligencia artificial, defensa, energía— con el sostenimiento de lo que llamó «prioridades históricas de la Unión», entre las que citó expresamente la política agrícola común y la cohesión. El problema es la aritmética: con la devolución de los préstamos del fondo Next Generation EU a partir de 2028 y las nuevas inversiones estratégicas, cuadrar las cuentas exige ingresos adicionales. La Comisión ha propuesto nuevos recursos propios para financiar la diferencia.
Esa vía choca frontalmente con Berlín. El canciller Friedrich Merz fue tajante: «Europa debe arreglárselas con el dinero que tenemos», señaló en declaraciones a los medios después de indicar que esto «significa también que hay que reducir el gasto en otras áreas» si se conjuga con la necesidad de financiar «nuevas prioridades». La prohibición legal de endeudamiento europeo adicional es, para el canciller alemán, una barrera infranqueable: «Un endeudamiento adicional de la Unión Europea, sea por medio de toma de créditos, sea por medio de la emisión de bonos, no es concebible. Lo prohíbe el Tribunal Constitucional Federal.»
El ministro neerlandés Rob Jetten, cuyo país es también contribuyente neto, fue aún más directo: la propuesta es «completamente inaceptable tanto por su tamaño como por las contribuciones nacionales». En su argumentario, Jetten apuntó sin rodeos a la PAC: «todavía se gasta mucho dinero en la política agrícola», afirmó, abogando por «reasignar fondos».
Von der Leyen defendió que la única salida real pasa por los nuevos recursos propios. Sin ellos, planteó, el dilema es binario: «o mayores contribuciones nacionales o menor capacidad de gasto. Y una menor capacidad de gasto significaría menos Europa exactamente cuando más Europa es necesaria.»







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