La ratificación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur provocará una caída de los precios en origen que afectará de manera asimétrica al sector agrario, empujando a la quiebra a miles de pequeñas y medianas explotaciones. Así lo concluye un reciente análisis macroeconómico, que proyecta un trasvase multimillonario de rentas hacia los grandes eslabones de la cadena alimentaria y descarta cualquier beneficio real para los consumidores europeos a través de alimentos más baratos.

El impacto de la liberalización arancelaria asestará un golpe directo a la ganadería comunitaria. Los modelos de simulación prevén una reducción del 2 % en los precios industriales de la carne de vacuno en Europa. En la actualidad, el 65,5 % de las explotaciones de ganado no lechero de la Unión ya no logran cubrir de forma conjunta los costes de los insumos y la depreciación del capital. Según las estimaciones del documento, esta caída adicional de las cotizaciones empujaría a la inviabilidad económica a un 4,3 % extra de las granjas europeas. Este porcentaje agrupa fundamentalmente a explotaciones de tamaño medio ubicadas en España y Austria, así como a instalaciones de menor dimensión en los Países Bajos.
Un escenario de tensión estructural muy similar recaerá sobre el sector de la remolacha azucarera, que ya arrastra una disminución continuada de sus márgenes de beneficio y una severa reducción de su superficie de cultivo en el continente.
El embudo de la cadena
A pesar del hundimiento de las cotizaciones percibidas por los productores, el abaratamiento de la materia prima importada no se reflejará en los lineales. El informe subraya que la elevada concentración que caracteriza a las cadenas de suministro alimentario, dominadas por la gran industria de transformación y la distribución minorista, favorece que estas reducciones en los costes sean absorbidas íntegramente por los intermediarios.
Esta dinámica acelerará la salida del mercado de las fincas familiares, consolidando el dominio de los grandes agronegocios. Estas corporaciones, a diferencia del productor medio, logran amortiguar las presiones competitivas mediante economías de escala, diversificación de actividades y una fuerte integración vertical.
La transferencia silenciosa
En términos macroeconómicos, el aumento de la competencia con economías que operan con costes de producción y normativas laborales dispares ejercerá una fuerte presión a la baja sobre los ingresos de los trabajadores europeos. El equipo investigador calcula que la contracción de la cuota salarial en la Unión Europea equivaldrá a una pérdida del 0,28 % del PIB quince años después de la entrada en vigor del tratado. Expresado en euros constantes, esto supone una transferencia anual de unos 60.000 M€ desde los sueldos hacia los beneficios empresariales de las firmas orientadas a la exportación.
Al introducir estas variables de ajuste, las previsiones de la Comisión Europea —que auguraban un crecimiento del PIB comunitario del 0,25 % con la firma del tratado— desaparecen por completo. El saldo final arroja una desaceleración neta del 0,01 % para la economía del viejo continente.
El espejismo al otro lado del Atlántico
El análisis desmonta asimismo las promesas de prosperidad para los socios sudamericanos. Las naciones del Mercosur mantienen una elevada dependencia de los aranceles de importación para sostener sus presupuestos públicos. El texto estima que la liberalización comercial supondrá para este bloque una pérdida de recaudación directa cercana al 0,3 % de su PIB.
Sometidos a las estrictas normas de estabilidad financiera internacional, los gobiernos de estos países se verán forzados a aplicar severos recortes en el gasto público y la inversión institucional. Como consecuencia directa de esta merma en las arcas del Estado, el acuerdo provocará una desaceleración económica del 0,1 % en la región en lugar de impulsar su desarrollo.
Un modelo ciego ante el ecosistema
Por último, el documento cuestiona la arquitectura ambiental del acuerdo comercial. Sus autores advierten de que el pacto asume, de forma errónea, que un mayor acceso a insumos químicos y bienes de capital tecnológicos procedentes de Europa permitirá expandir la frontera agrícola sudamericana sin necesidad de incrementar la deforestación. Este enfoque, alertan los economistas, afianza un modelo de agricultura intensiva de monocultivo que choca frontalmente con la resiliencia de los sistemas alimentarios locales y el fomento de prácticas agroecológicas.
Los datos proceden del estudio «Narrativa de crecimiento debunked, desigualdades no cubiertas: Estudio sobre el acuerdo económico comercial UE-Mercosur», elaborado por los economistas Orsola Costantini y Alex Izurieta para el Instituto de Justicia Económica, bajo la coordinación de la organización Climate Action Network (CAN) Europe.







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