En los cuatro meses previos a la entrada en vigor provisional del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, el sistema europeo de alerta rápida para alimentos y piensos (RASFF) registró 83 notificaciones relacionadas con productos procedentes de los países del bloque sudamericano. La cifra, que abarca de enero a abril de 2026, refleja un flujo constante de incidencias sanitarias que el sector agrario europeo señala como argumento central en su rechazo al tratado comercial.

Argentina acumuló el mayor número de alertas, con 44 notificaciones, seguida de Brasil con 33 y Uruguay con 5. Los problemas más frecuentes fueron la presencia de aflatoxinas en cacahuetes —33 notificaciones, todas ellas clasificadas como graves o potencialmente graves—, la detección de Salmonella en carne de ave procedente de Brasil —15 casos, la mayoría resueltos con rechazo en frontera— y la presencia de organismos modificados genéticamente no autorizados en harinas de soja —9 alertas en piensos—. Entre los incidentes menos repetidos pero de mayor calado figuran tres detecciones de E. coli STEC en carne de vacuno uruguaya —las tres notificadas por España en un solo día— y la presencia de progesterona en carne bovina argentina y uruguaya.
Una foto incompleta
Las 83 notificaciones registradas podrían representar, según advierten organizaciones agrarias y expertos en comercio alimentario, una fracción muy pequeña del problema real. Según datos reportados sobre los controles físicos en frontera, la UE inspeccionó físicamente en 2024 apenas el 0,0082% de los productos importados: unos 392.529 controles sobre 4.777 millones de productos declarados. El argumento que manejan las organizaciones del campo europeo es directo: si solo se revisa una parte ínfima de lo que entra, las alertas detectadas son la punta del iceberg, no el cuadro completo.
Las cifras permiten una inferencia incómoda. Aplicando esa tasa de inspección a los resultados del primer cuatrimestre, cada alerta registrada representaría estadísticamente miles de partidas que cruzaron la frontera sin revisión. Llevado al límite del cálculo proporcional, las 83 notificaciones podrían equivaler a más de un millón de casos potenciales no detectados. Las organizaciones agrarias llevan meses señalando esta brecha: lo que el RASFF documenta no es la magnitud del problema, sino el rastro que deja cuando el filtro, excepcionalmente, acierta.
Cacahuetes, pollos y soja
El desglose por categorías revela que los frutos secos concentraron el 40% de todas las alertas del período, con 33 notificaciones sobre cacahuetes argentinos con niveles de aflatoxina B1 o total superiores a los límites permitidos. La mayoría fueron tramitadas como notificaciones de atención grave por los Países Bajos, principal puerto de entrada de este producto en Europa. En carne de ave, los 15 casos de Salmonella en preparados y filetes congelados de Brasil generaron en varios casos rechazos directos en frontera, gestionados también en su mayoría a través de los puertos neerlandeses.
En el apartado de piensos, las nueve alertas por OMG no autorizados en harinas de soja —procedentes tanto de Argentina como de Brasil— plantean una cuestión adicional: la trazabilidad en la cadena de producción animal. Cuando la contaminación llega al pienso, el riesgo se traslada potencialmente a la cadena cárnica. En este sentido, la detección de ADN de ave en harina de pescado brasileña, notificada por España en febrero, ilustra otro flanco de vulnerabilidad menos visible.
El sector agrario europeo lleva meses argumentando que estos datos no son anecdóticos sino estructurales, y que el volumen de alertas previo a la entrada en vigor del acuerdo debería haber sido condición suficiente para exigir garantías adicionales de equivalencia sanitaria antes de abrir el mercado. La Comisión Europea ha defendido que el texto incluye cláusulas de salvaguardia y compromisos de verificación, pero las organizaciones agrarias consideran que esos mecanismos son insuficientes y de difícil aplicación práctica.
Lo que los datos del RASFF no resuelven es la pregunta de fondo: si el acuerdo entre la UE y el Mercosur resultará beneficioso o perjudicial para el sector agroalimentario europeo. Las cifras del primer cuatrimestre alimentan las reservas del campo, pero el impacto real del tratado —en precios, en competencia, en estándares— solo podrá evaluarse con tiempo y con datos de aplicación efectiva. Lo que está en juego es demasiado complejo para resolverse con un balance de alertas sanitarias, por revelador que sea.






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