Si toda la humanidad consumiera como los españoles, los ecosistemas del planeta habrían agotado su capacidad de regeneración anual ayer, 4 de junio. Así lo establece el calendario Country Overshoot Days 2026, elaborado por Global Footprint Network a partir de las Cuentas Nacionales de Huella y Biocapacidad.

El dato, sin embargo, no deja a España en mal lugar. Al contrario. Francia ya había agotado su parte el 24 de abril, cuarenta días antes. Alemania e Italia en mayo. La media europea, el 3 de mayo. Qatar lo hizo en febrero, con una huella de diez planetas. Canadá y Estados Unidos, en marzo. España, junto a Grecia, es de los últimos países de Europa occidental en llegar a ese umbral — lo que en este ranking significa salir bien parado.
Qué mide este índice y cómo se calcula
El índice parte de dos magnitudes expresadas en hectáreas globales (gha), una unidad que no equivale a una hectárea física cualquiera sino a una hectárea con la productividad biológica media del planeta. La primera es la huella ecológica per cápita de cada país: cuánta superficie productiva necesitaría la Tierra para sostener el consumo de sus habitantes, incluyendo los recursos que consumen y los residuos que generan. La segunda es la biocapacidad global disponible por persona: 1,48 gha en 2024. Dividiendo la primera entre la segunda se obtiene el número de planetas equivalentes. Para España, el resultado es 2,4.
La huella ecológica agrega cuatro tipos de superficie con biocapacidad positiva — tierra de cultivo, pastos, bosques y caladeros marinos — más dos componentes que solo suman deuda: el suelo construido y la huella de carbono. Este último, el más pesado en países desarrollados, traduce las emisiones de CO₂ en superficie forestal necesaria para absorberlas. Es precisamente aquí donde el índice reconoce a los bosques un doble papel: suman como tierra productiva y descuentan como sumideros de carbono.
El campo y la ganadería, más activo que pasivo
Dentro de la metodología del índice, el sector agrario y ganadero ocupa una posición más matizada de lo que suele presentarse en el debate público. Los cultivos y los pastos no son solo fuentes de demanda sobre los ecosistemas: son también biocapacidad. Una hectárea de dehesa extremeña, un pastizal de montaña o un prado atlántico cuentan en el lado positivo del balance como superficie que regenera biomasa. España, con una densidad de población relativamente baja y una amplia superficie de uso agrario extensivo, dispone de más biocapacidad por habitante que la mayoría de sus vecinos europeos, lo que contribuye directamente a que su fecha sea más tardía.
Además, el índice mide huella de consumo, no de producción. Los recursos que España produce para exportar no computan en su huella nacional: el jamón que se consume en Alemania, el aceite que se embarca hacia Asia o los cítricos que abastecen los mercados europeos generan huella en los países que los importan, no en España. Para un sector agroalimentario exportador de primer orden como el español, este principio contable tiene un efecto reductor real sobre su resultado en el índice.
Una deuda pendiente con la dehesa
El índice reconoce a los bosques un doble rol contable: suman como tierra productiva y compensan como sumideros de CO₂. Los pastos y la dehesa, sin embargo, no tienen reconocida esa función dentro de la metodología actual, pese a que la evidencia científica sí les atribuye capacidad de fijación de carbono en el suelo. Un sistema de dehesa bien gestionado o un pastizal permanente con cubierta vegetal densa fija carbono de forma sostenida, pero ese servicio ecosistémico no se refleja en el cálculo.
Un índice con matices necesarios
El Country Overshoot Day es un indicador con respaldo científico y utilidad real para visualizar la presión que ejerce el consumo humano sobre los ecosistemas a escala global. Sus limitaciones no lo invalidan, pero sí aconsejan leerlo con precisión. No señala a ningún sector concreto ni establece relaciones causales entre actividades productivas y el resultado de cada país. Lo que mide es el peso agregado del consumo de una población sobre la capacidad regenerativa del planeta, expresado en una fecha que este año, para España, es de las más tardías de Europa occidental.
Las Cuentas Nacionales de Huella y Biocapacidad en su edición 2025, elaboradas por la Ecological Footprint Initiative de la Universidad de York para la Footprint Data Foundation, constituyen la base de datos de referencia del índice.






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