El mercado de fertilizantes vivió un mes de agosto marcado por la caída de los precios del nitrógeno y la persistente tensión en el fósforo, según el último informe del Sistema de Información sobre Mercados Agrícolas (AMIS) de la FAO. La demanda se mantuvo estacionalmente débil y la incertidumbre en torno al estrecho de Ormuz siguió condicionando el sentimiento del mercado, mientras la evolución de los precios de los cereales y las oleaginosas seguirá siendo clave para sostener la demanda de abonos en los próximos meses.

En cuanto a los insumos para la fabricación de fertilizantes, el gas natural bajó en Estados Unidos gracias a una producción doméstica robusta y a unos inventarios holgados. En la Unión Europea, en cambio, el precio subió por la fuerte demanda para refrigeración y reposición de existencias, así como por los efectos de la situación en Oriente Próximo. Al este de Suez, las abundantes exportaciones chinas de amoníaco y una demanda estacionalmente floja presionaron las cotizaciones a la baja, mientras que al oeste el mayor coste del gas sostuvo los precios del amoníaco. El azufre, por su parte, se mantuvo en niveles elevados.
Los precios del nitrógeno se moderaron después de que China ampliara sus cuotas de exportación y de que aumentara la disponibilidad procedente de la Federación de Rusia, Nigeria y el norte de África. La licitación india del 11 de agosto, por 1,7 Mt, se cerró a un precio 55 USD/t inferior al de la convocatoria de junio, lo que refleja una cobertura de suministro cómoda antes de la próxima campaña de aplicación. Fuera de India, el interés comprador siguió siendo limitado por la incertidumbre persistente, aunque se espera que grandes importadores como Brasil vuelvan a activarse.
El fósforo, el foco de tensión
La oferta de fósforo continúa ajustada. La disponibilidad de azufre sigue limitando la producción, en particular en Marruecos, mientras las exportaciones saudíes se mantienen reducidas. Además, aunque el periodo de restricciones a la exportación anunciado por China ha llegado a su fin, no hay indicios de que los envíos chinos vayan a reanudarse. La demanda sigue siendo débil por problemas de asequibilidad, aunque los precios podrían mantenerse sostenidos a medida que regrese la demanda estacional. El mercado de la potasa, en cambio, apenas ha variado en los últimos meses, reflejo de la ausencia de disrupciones relevantes en la oferta y de unos inventarios cómodos en los principales países importadores; la nueva capacidad de producción que entrará en funcionamiento en 2027 en Canadá, Bielorrusia y la Federación de Rusia apunta a un sesgo bajista en el mediano plazo.
Costes desiguales según cultivo y país
Los índices de coste de fertilización por hectárea de la AMIS muestran trayectorias divergentes. En la Unión Europea, el índice para el trigo en Francia se situó un 128% por encima de la referencia de 2019, impulsado por el encarecimiento del nitrógeno, aunque por debajo del máximo alcanzado en la primavera de 2026. En Estados Unidos, los costes de fertilización del maíz también repuntaron por el mayor precio del nitrógeno, el fósforo y la potasa, aunque se mantienen en línea con los de agosto de 2025. En Brasil, los costes para la soja bajaron desde principios de julio por el abaratamiento del fósforo y la potasa, mientras que en China el índice para el arroz se relajó hasta un 27% por encima de su referencia, con el fósforo desplazando ya al nitrógeno como principal componente del coste.
El repunte de los precios de los cereales a escala global mejoró, en cambio, la relación entre el coste de los fertilizantes y el de las cosechas. En Francia, la ratio nitrógeno-trigo cayó al 81% de su nivel de 2019 gracias a la subida del trigo, aunque los fertilizantes siguen siendo relativamente más caros que hace un año. En Estados Unidos, la ratio urea-maíz bajó al 20% por encima de su referencia de 2019, y en Brasil la ratio potasa-soja se redujo al 82% de su media histórica, su nivel más favorable en más de un año. En China, la relación urea-arroz se mantuvo prácticamente estable.
Por países, en Brasil el mercado siguió afectado por la debilidad de la rentabilidad agrícola y el acceso limitado al crédito, con un aumento récord de las importaciones de potasa; en China, la demanda interna débil mantuvo la sobreoferta de urea y potasa pese a la reanudación de las exportaciones de urea; en la Unión Europea, el encarecimiento del gas natural llevó los márgenes del amoníaco a terreno negativo, forzando recortes de producción de fósforo, incluido el cierre de la planta lituana de Lifosa; en India, la abundante oferta de urea abarató la última licitación, al tiempo que el país aseguró 600.000 t de DAP/TSP procedentes de Marruecos; y en Estados Unidos, las llegadas de fósforo desde Marruecos y Arabia Saudí mejoraron la visibilidad de suministro, en un contexto de fase intraestacional de baja actividad.








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