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Gente que pide casas y casas que piden gente

Desarrollo rural 5 Oct 2026 2

Durante las últimas semanas, la Puerta del Sol de Madrid ha vuelto a llenarse de tiendas de campaña. Todo empezó con el desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años que llevaba siete décadas en un piso del distrito de Retiro, y siguió con una manifestación que, según la Delegación del Gobierno, reunió el 26 de septiembre a unas 25.000 personas. Su caso ha vuelto a situar la vivienda en el centro de la conversación pública.

Detrás de ese ruido hay una cifra de fondo: el Banco de España estima en unas 750.000 las viviendas que faltan, por un desfase sostenido entre los hogares que se forman y las casas que se terminan. Solo en 2025 se formaron unos 240.000 hogares y se terminaron menos de 92.000 viviendas.

Es el problema que ocupa los titulares. Pero en otra España, la que apenas sale en ellos, ocurre lo contrario. El Censo de 2021 contó 3,8 M de viviendas vacías, el 14,4 % del parque, y casi la mitad, el 45 %, estaba en municipios de menos de 10.000 habitantes. En los de menos de 1.000, una de cada tres tenía la persiana echada.

De ahí la paradoja: hay gente que pide casas y casas que, a su manera, piden gente.

Dos problemas, una misma distancia

A primera vista, la cuenta parece cuadrar: casas sin nadie en un extremo y personas sin casa en el otro. Pero un estudio de la asociación de promotores catalanes APCE y la cátedra Vivienda y Futuro de la UPF ha concluido que movilizar la vivienda vacía no resolvería la crisis de acceso, porque se concentra en municipios pequeños, zonas rurales y áreas de baja demanda. La distancia entre donde están las casas y donde están los hogares no se resuelve moviendo, de un día para otro, ni a las unas ni a los otros.

Esa conclusión admite, sin embargo, una segunda lectura: si las casas vacías no sirven para resolver la ciudad, quizá su valor esté en el lugar donde están. Y ahí aparece una paradoja más pequeña y más íntima. Un estudio de 2024 sobre dos municipios andaluces, Montefrío y Arroyomolinos de León, describe cómo en los pueblos en declive la vivienda vacía convive con una oferta insuficiente de casas asequibles y adecuadas para quienes quieren quedarse o instalarse por trabajo. Hay casas, pero a menudo no están disponibles ni en condiciones de habitarse.

Quizá por eso las dos orillas se parezcan más de lo que aparentan. ¿Y si la presión en unas zonas y el vaciado de otras fueran dos consecuencias de una misma concentración?

Una casa no hace un pueblo

Si el problema no es solo de metros cuadrados, ¿qué falta? Una vivienda es un techo; habitar es poder ir al médico, llevar a los hijos a clase, sacar dinero o coger un autobús. A cierre de 2024, 2.638 municipios, casi un tercio, carecían de acceso presencial a servicios bancarios, según el Banco de España. La cifra es un 18,7 % inferior a la de 2021 gracias a las oficinas móviles, aunque el total de puntos de acceso ha seguido bajando y el uso de esas alternativas es todavía escaso.

La sucursal es solo lo que mejor se deja contar. Detrás cabe intuir un círculo: ¿no se retira un servicio porque quedan menos vecinos, y no se marchan vecinos porque se retira el servicio? ¿Y qué pesa más a la hora de quedarse o de llegar, la casa o lo que hay al abrir la puerta? Quizá la respuesta pase tanto por construir más como por hacer más deseable habitar lo que ya existe: rehabilitarlo, ponerlo en alquiler y rodearlo de aquello que convierte un inmueble en un hogar.

El camino de vuelta

Ese círculo, sin embargo, ha empezado a girar en otra dirección. Los municipios de menos de 5.000 habitantes ganaron población en 2024 por séptimo año consecutivo: 22.020 personas ese año y 163.027 desde 2018, según los datos del Padrón que recoge el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Entre 2011 y 2017, esos mismos pueblos habían perdido 405.371 habitantes.

No es una marea uniforme: Galicia, Asturias, Extremadura y Castilla y León siguen perdiendo habitantes en sus pueblos pequeños. Tampoco tiene una sola causa. El propio Ministerio atribuye buena parte del saldo a la llegada de población extranjera, y su nota no desglosa cuántos de los nuevos vecinos han elegido el pueblo por motivos laborales, familiares o de calidad de vida.

En ese escenario asoma el teletrabajo como posible aliado. Unos 3,47 M de personas trabajan en remoto de forma habitual u ocasional, según la EPA de cierre de 2025, aunque solo en torno al 8 % lo hace de manera habitual y su implantación es mayor en las ciudades grandes. Ninguna estadística dice cuántos de ellos han puesto rumbo a un pueblo. ¿Y si el trabajo a distancia pudiera aliviar la presión sobre las ciudades y devolver a los pueblos parte de la vida que tuvieron? La conexión sería condición necesaria, pero no suficiente: quien teletrabaja necesita también una casa y un entorno que le dé razones para quedarse.

Sería, de algún modo, cerrar un círculo. Durante la segunda mitad del siglo XX, el éxodo rural llenó de hijos de agricultores los barrios y las fábricas de las ciudades, y muchas familias urbanas, si no todas, tienen todavía un pueblo en su origen. ¿Es descabellado imaginar el camino inverso, no como nostalgia sino como un reparto más equilibrado del territorio?

Los que nunca se fueron

Mientras unos regresan, otros nunca se marcharon, y su relevo es un asunto que se discute sobre todo puertas adentro del sector. El Censo Agrario de 2020, el último disponible, retrata un campo con menos explotaciones y más envejecido: 914.871, un 7,6 % menos que en 2009, con un 41 % de jefes de explotación mayores de 65 años. Solo el 14 % tiene menos de 45, frente al 21 % de 2009, según un análisis de CaixaBank Research sobre ese mismo censo.

Desde 2020, el Ministerio de Agricultura ha ido creando distintas iniciativas en torno al acceso a la tierra: un grupo de expertos, un estudio, un grupo de trabajo sobre tierras infrautilizadas y, en enero de 2026, el anuncio de un banco de tierras para jóvenes y mujeres. Por el momento, no parece que hayan alterado la tendencia: la Encuesta sobre la Estructura de las Explotaciones Agrícolas de 2023, del INE, sitúa en el 14,09 % los jefes de hasta 44 años, prácticamente la misma proporción que el Censo de 2020. Los estudios del propio Ministerio señalan entre los obstáculos el precio de la tierra y la reticencia de los propietarios a cederla fuera de la familia. ¿Y si el relevo no se jugara solo en la tierra?

Porque el campo no se sostiene solo con titulares. El Censo muestra otro cambio de fondo: entre 2009 y 2020, el trabajo aportado por la familia del titular se redujo casi a la mitad, un 49,8 %, mientras que el contratado creció un 16,3 %. Cada vez más, quien ordeña de madrugada, poda o recoge no es de la casa. Los propios titulares jóvenes señalan, en el Diagnóstico de la Juventud Agraria del Ministerio, la dificultad de encontrar mano de obra cualificada. ¿Dónde vive esa persona en un pueblo cuyas casas vacías ni están disponibles ni, a menudo, en condiciones de habitarse? ¿Y qué la retiene allí si no encuentra médico, escuela ni autobús?

Así, el relevo parece depender de tres puertas que deberían abrirse a la vez: la tierra para producir, la casa para vivir y los servicios para quedarse. Un pueblo con más vecinos sostiene mejor sus servicios, y unos servicios que se sostienen retienen vecinos. ¿Y si el relevo del campo fuera, en el fondo, un problema de las tres puertas?

Permitir no es lo mismo que escuchar

Tres días después de la manifestación del 26 de septiembre, el Consejo de Ministros aprobó dos reales decretos-ley de vivienda que, según varios medios, el caso de Maricarmen ayudó a desbloquear. Entretanto, la acampada de Sol, que la Comunidad de Madrid considera ilegal por falta de comunicación previa y por su carácter indefinido, seguía en pie a comienzos de octubre sin que la Delegación del Gobierno ordenara desalojarla.

El campo también ha vuelto a la calle. Este mes tiene convocadas varias movilizaciones, entre ellas una de ámbito nacional todavía sin fecha, para reclamar medidas ante el encarecimiento de los costes. Está por ver si encuentran un margen y una paciencia parecidos ante las molestias que toda protesta ocasiona y si, además de permitidas, son escuchadas. Ojalá así sea.

Llegados aquí, la ciudad que no encuentra casas y el pueblo que no encuentra vecinos parecen más una misma conversación que dos. Lo que se decida sobre dónde construir, qué rehabilitar y qué servicios mantener en cada punto del mapa afectará a ambos lados, y también a quienes, como los del campo, sostienen el territorio desde dentro. Quizá la vivienda en la ciudad y el despoblamiento en el pueblo no sean dos problemas, sino uno solo visto desde dos orillas.

Fuentes: INE, Censos de Población y Viviendas 2021, Censo Agrario 2020 y Encuesta sobre la Estructura de las Explotaciones Agrícolas 2023; Banco de España, Informe Anual 2025 e Informe de Inclusión Financiera 2025; Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (nota de 11 de diciembre de 2025); EPA y Eurostat; Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación; APCE y cátedra Vivienda y Futuro de la UPF; Revista INVI (2024); CaixaBank Research; Delegación del Gobierno.

Comentarios

  1. ramon

    5 Oct · 08:25

    Sres es de insensatez dejar entrar tanta imigracion, cuando no habia viviendas suficientes para ellos, a pesar que muchos no estaban cualificados para ningun empleo, entrando lo peor de lo peor, ya se ve en el panorama.
    Con las normativas gubernamentales , en la actualidad esta faltante de viviendas lo tienen de pagar los rentistas y los que sin hacer nada han heredado casas de sus familiares .
    ¡Vamos sres, cada cual que se quede con su muerto!!. hay que cambiar de gobierno rapidamente. Nos esta dejando endeudados al maximo y lo tendremos de pagar los que tenemos algo por aportar de herencias atrasadas. vayamos reflexionando.

    Responder
    • Jose

      5 Oct · 09:15

      Que pena das coje un libro

      Responder

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