Irlanda lleva más diez días con las carreteras cortadas. Desde el 7 de abril, convoyes de tractores y camiones bloquean puertos, depósitos de combustible y la única refinería del país en respuesta a una subida del precio del diésel de alrededor del 28% en pocas semanas. Lo que comenzó como una tractorada se ha convertido en el pulso más tenso entre el campo europeo y un gobierno desde el inicio de la crisis energética provocada por el cierre del Estrecho de Ormuz, y de momento ninguno de los dos lados ha cedido del todo.

Un continente con el depósito en reserva
El detonante lo conoce ya medio mundo: el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán tras los ataques de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero cortó el paso al 20% del petróleo mundial. Desde entonces, el precio de los carburantes ha subido entre un 15% y un 34% según el país en toda Europa, y el campo y el transporte acusan el golpe en todas partes. Los gobiernos han ido respondiendo como han podido: Alemania anunció el 13 de abril dos meses de rebajas fiscales en carburantes; España aprobó en marzo una ayuda directa de 0,20 €/litro de gasóleo agrario. Irlanda ha sido el único país donde esa presión ha terminado en las calles.
El campo irlandés no se mueve
Los bloqueos han llegado a dejar sin combustible a más de un tercio de las gasolineras del país, y la recogida de leche en granjas quedó interrumpida durante los días de mayor tensión. El Gobierno respondió desplegando al Ejército y a la policía para despejar accesos a puertos y refinerías, con arrestos incluidos, y aprobó un paquete de urgencia de 505 M€ que se sumaba a los 250 M€ de tres semanas antes. Entre las medidas, una rebaja de 10 céntimos por litro en gasolina y diésel y una reducción específica de 2,4 céntimos para el gasóleo agrícola. Los manifestantes siguen en las carreteras.
Las protestas han cruzado fronteras: en Noruega, transportistas han adoptado tácticas similares a las irlandesas, y hay indicios de que las movilizaciones podrían extenderse al norte de la isla. Mientras tanto, pese al alto el fuego entre Estados Unidos e Irán del 8 de abril, el Estrecho de Ormuz sigue sin funcionar con normalidad. Los expertos advierten de que la normalización del suministro tardará meses, lo que mantiene abierta la posibilidad de que otros países europeos sigan el ejemplo irlandés si los precios no remiten.






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