El sector sojero de Paraguay, aunque representa apenas el 3% de la producción mundial, ha emergido como un actor estratégico en el comercio global debido a su fuerte orientación exportadora y su potencial de rendimiento. Según el último informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), el país sudamericano mantiene una dependencia del mercado exterior similar a la de Brasil, enviando fuera de sus fronteras cerca del 60% de su producción total.

La estructura productiva paraguaya se divide en dos campañas: la principal o «zafra», que se siembra entre agosto y noviembre, y una secundaria denominada «zafriña», que se desarrolla a partir de enero. Esta dualidad, sumada a la expansión de tierras en décadas previas, ha permitido que la producción supere habitualmente los 10 millones de toneladas en años de climatología favorable, situándose como el cuarto productor mundial tras Brasil, Estados Unidos y Argentina.
La superficie de cultivo se ha estabilizado recientemente en torno a los 3,6 millones de hectáreas. Los expertos apuntan a que el margen de crecimiento en extensión es limitado, con un potencial de apenas 300.000 hectáreas adicionales en la región del Chaco. No obstante, este avance se ve frenado por la baja calidad de los suelos y la carencia de infraestructuras básicas en la zona noroeste del país, lo que traslada la responsabilidad del crecimiento futuro a la mejora de los rendimientos por hectárea.
En términos de productividad, los campos paraguayos muestran una capacidad similar a los de las potencias norteamericanas en condiciones óptimas. Para la campaña 2025/26, el USDA estima rendimientos que podrían superar los 3.700 kg/ha , lo que arrojaría una cosecha total de 12,1 millones de toneladas. Sin embargo, esta competitividad se ve amenazada por una volatilidad climática extrema; en los últimos 25 años, el país ha sufrido caídas de rendimiento superiores al 10% de su tendencia en siete ocasiones.
Esta inestabilidad productiva impacta directamente en su cuota de mercado internacional. Mientras que en años de bonanza Paraguay llega a representar el 5,6% de las exportaciones mundiales de soja, en periodos de sequía severa, como el ocurrido en 2022, su participación puede desplomarse hasta el 1,4%. Esta fluctuación obliga a los operadores globales a vigilar de cerca la evolución del clima en el Cono Sur.
El destino de estas exportaciones está fuertemente concentrado en Argentina. Entre el 75% y el 85% del grano paraguayo cruza la frontera para alimentar el potente complejo industrial de molienda argentino. Este flujo es vital para que Argentina mantenga su posición como principal exportador mundial de harina y aceite de soja hacia mercados clave como China, India y la Unión Europea.
De cara al futuro, el país busca fortalecer su soberanía industrial con inversiones que elevarán la capacidad de molienda doméstica hasta los 4,7 millones de toneladas para la campaña 2026/27. Este desarrollo técnico busca compensar la falta de nuevas tierras cultivables y consolidar a la soja como el pilar fundamental de la economía agraria paraguaya.





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