Llevamos más de dos décadas inmersos en una encrucijada comercial con el bloque del MERCOSUR. Lo que a menudo se presenta en los despachos de Bruselas como una competencia entre productores es, en realidad, una colisión entre dos modelos de propiedad y producción irreconciliables. Así lo vaticinaba la investigación de Segrelles Serrano (2004), la base de la competitividad sudamericana no reside únicamente en su clima, sino en una estructura de la tierra que el estudio califica como un proceso de «fagocitosis rural».
La dictadura del Gini
Para el agricultor español, cuya explotación familiar es el eje de la cohesión territorial, las cifras de propiedad en el Cono Sur describen un escenario industrial. La estructura de la propiedad en el Mercosur es uno de los factores que genera mayor desigualdad competitiva para el productor europeo.
Igualdad total0,5
Desigualdad media1
Concentración absoluta
Los indicadores de concentración (índice de Gini) son elocuentes. Mientras que en la Unión Europea la tierra se distribuye de forma más equitativa, en Paraguay la concentración es calificada directamente como «absoluta», con un índice superior a 0,9. En Brasil, el escenario es de una modernización excluyente: apenas el 1,01% de los propietarios controla el 45,1% de la superficie agraria, con latifundios que superan las 10.000 ha de media. Por su parte, en Argentina, el 7,26% de los grandes propietarios acapara el 75,32% de la superficie.
extrema
«Fagocitosis rural»: la eliminación del modelo familiar
Esta concentración no es un accidente geográfico, sino el resultado de políticas que el estudio identifica como un mecanismo para favorecer a las grandes empresas agrarias capitalistas mediante ventajas fiscales y financieras. Este fenómeno de «fagocitosis» permite a las grandes corporaciones absorber los predios menores, eliminando la agricultura campesina que no puede adaptarse a las exigencias tecnológicas del mercado libre.
Según el análisis, esto significa competir contra estructuras que no buscan el sustento de una familia sino la maximización de beneficios de capitales transnacionales que ven la tierra como un activo financiero. El pequeño productor del Mercosur sufre una exclusión similar a la que teme el productor español: dificultades extremas para acceder al crédito —que se concentra en los grandes hacendados— y una presión constante para abandonar la actividad.
Economías de escala y la trampa del bajo coste
El modelo agroexportador del bloque se sustenta en la producción masiva de commodities a costes por unidad inalcanzables para una explotación mediana española. El informe identifica tres pilares que sostienen esa ventaja competitiva: la disponibilidad de vastas extensiones y salarios reducidos en comparación con Europa; la externalización de los costes ecológicos —erosión, deforestación, contaminación de acuíferos— que no se reflejan en el precio final del producto; y el uso masivo de maquinaria, fertilizantes y biotecnología concentrado en las empresas exportadoras.
El estudio concluye que la crisis de precios no es coyuntural. El campo español no se enfrenta a otros agricultores sino a un complejo agroindustrial de escala continental que utiliza su asimetría en la propiedad de la tierra para fijar las reglas del juego global, un modelo que, según Segrelles Serrano, ataca a la viabilidad social de la agricultura familiar europea.
Este artículo y sus datos resumen las conclusiones del estudio La problemática agraria en el MERCOSUR, de José Antonio Segrelles Serrano, del Departamento de Geografía Humana de la Universidad de Alicante, publicado en 2004 (ISBN: 84-7908-774-9).






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