Rusia pondrá en marcha el 1 de enero de 2027 un sistema de seguimiento de precios que abarcará 24 categorías de alimentos básicos, desde su salida de fábrica o puerto de importación hasta la venta al consumidor final. La medida se apoya en una ley sobre controles de precios en toda la cadena de suministro, aprobada por el Gobierno ruso en agosto de 2026, cuyo listado de productos afectados ha sido aprobado hace unos días por el Gabinete de Ministros.

El listado incluye carne de vacuno, cerdo, cordero, pollo y pescado congelado; leche, mantequilla y queso; aceite de girasol, huevos, azúcar y sal; harina y pan; y un grupo de cereales, pasta y hortalizas —arroz, trigo sarraceno, patatas, remolacha, cebolla, zanahoria, tomate, pepino y col— que conforman la cesta de ingredientes del borsch, la sopa tradicional rusa.
El mecanismo no fija precios máximos: da a las autoridades acceso a datos de suministro, volúmenes de venta, costes de las transacciones intermedias y márgenes de beneficio de fabricantes, importadores y distribuidores, con el objetivo de identificar en qué eslabón de la cadena se origina cada subida.
La medida llega en un contexto de aceleración de la inflación alimentaria: los precios de los alimentos han subido un 18,6% en dos años, con la reciente subida del IVA del 20% al 22% —destinada a financiar defensa y seguridad— como uno de los factores del encarecimiento.





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