A partir del próximo mes de octubre, está previsto que en Dinamarca se empiece a aplicar el impuesto sobre las grasas saturadas. Dicho impuesto se aplicará, entre otros productos, a las carnes, tanto de porcino, como de vacuno y cordero, afectando a su consumo. Según la administración danesa, este impuesto podría reducir el consumo de carnes en Dinamarca en un 4%, pero en contrapartida, se conseguiría un ingreso fiscal extra de 188 millones de euros al año, dado que el importe del impuesto se eleva a 2 €/kg de grasa saturada.
En los mataderos se podrá optar entre aplicar la tasa a la media de grasa de la carne sacrificada o bien aplicar la tasa a la grasa de cada corte. Hay que tener en cuenta que la carne de porcino tiene un mayor contenido de grasa que la de vacuno (6,5% versus 5,2%), por lo que los mataderos decidirán una u otra fórmula según les resulte menos gravoso y más fácil de gestionar. Sea cual sea la fórmula elegida, la tasa además de un coste extra va a suponer una carga administrativa extra, según ha publicado la industria cárnica danesa (Danish Council for Agriculture and Food).
Además, de sobre las grasas saturadas de la carnes, este impuesto se aplicará a aquellos alimentos que tengan más de un 2,3% de grasas saturadas, como productos lácteos, aceites comestibles, margarina y grasas para untar.
Para la administración danesa, esta medida tiene por objetivo promover dietas saludables y que los daneses coman menos productos con grasas saturadas, al encarecer el precio de estos alimentos. Sin embargo, para otros, este impuesto es solo la manera de aumentar la presión fiscal y aumentar la recaudación para el estado.




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